Consejos para practicar el desapego

TRES FORMAS DE INICIARSE EN LA PRÁCTICA DEL DESAPEGO

Una sentada silenciosa

Sentado con las piernas cruzadas y uno de los talones del pie coincidiendo con el periné. Se puede hacer con un cojín grueso o un banquito de meditación. La postura correcta sería aquella en la que imaginas que tienes un globo enganchado en tu nuca y tira de tu cabeza hasta poner tu espalda en una perpendicular perfecta al suelo.

Dejarse estar y sentir la respiración, sin alterar el ritmo ni la profundidad, sólo sintiendo el aire entrar y salir. Después de un rato se puede experimentar una sensación de balanceo  que parte de la propiocepción del latido del corazón.   Ambas sensaciones (respiración y latido) son el ancla a la realidad a la que he de volver cada vez que me sorprenda a mí mismo enganchado a pensamientos. Sería tomar conciencia de lo que uno se enreda en pensamientos y volver al cuerpo como anclaje a la realidad.

Tiempo recomendado 20 minutos.

Meditación mindfulness

En postura de loto, o medio loto, o sentado o tumbado.  Dejarse estar y sentir la respiración sin alterar nada desde la voluntad. Cuando me sorprendo a mí mismo con un pensamiento (ej: mi jefe se porta mal conmigo) no me pongo a dialogar con el pensamiento (Ej: cuando lo vea le voy a decir tal o cual cosa, etc..) sino que imagino una nube en la que ubico el pensamiento (Ej: imaginar que es un rótulo escrito en la nube) y contemplo cómo pasa, sin prestar más atención que si fuera un título que no tiene influencia sobre mí porque yo estoy atento al azul del fondo del cielo y no a las nubes que se cruzan por delante. Siempre atento al azul.

Tiempo recomendado 15-20 minutos

Meditación con música

Tumbado en posición bioenergética (brazos y piernas extendidos, en paralelo al eje del cuerpo y las palmas de las manos hacia arriba) o en postura de meditación.  Junto a un emisor de música, en lo posible, sin letra. Ej: música clásica, música de relax, etc..  Dos opciones:

1-Imaginas que eres un tubo, la música entra por tu cabeza y sale por tus pies, como si fueras un paso que no altera la música al ser atravesado.

2-Te paras a sentir cada instrumento o cada vibración musical en una parte de tu cuerpo. Ej: que los violines te acarician en el corazón, que los tambores te retumban en la barriga, etc..

En ambas opciones, la ocupación mental es ésta, y es a la que hay que volver cuando uno se descubre a sí mismo distraído con pensamientos.